No puede haber dos tipos de pensamientos de naturaleza opuesta en nuestra mente, al mismo tiempo. Cada pensamiento que tenemos, levanta consigo una serie de asociaciones de pensamientos de su misma naturaleza. En este artículo nos dedicaremos a analizar, y eliminar, el estado mental de la duda.

La duda induce a la debilidad mental, espiritual, y física. Cuando tenemos un pensamiento sobre duda, levantamos en nuestra mente una cadena de asociaciones relacionadas con todas las experiencias (pasadas, presentes, e incluso futuras), en los que la duda se apodera de nuestra mente. Como ya sabemos, todo está en el estado mental. Cuando un estado mental se apodera de nuestra conciencia, parece ser la única realidad. De hecho, lo es.

Entusiasmo. Si usted desea salir de ese estado mental de duda, debe tomar la decisión entusiasta de dedicarse enteramente a un objetivo, por más humilde que este sea. No importante tanto el objetivo en sí, importa implantar el estado mental de entusiasmo dirigido a algo que usted desee. Sé por propia experiencia, y de terceros, que este ejercicio es efectivo. Puede hacerlo aquí y ahora. También conozco la resistencia que usted puede experimentar: “¡Esto no servirá!” ; “Si, esto puede ser verdad, para otras personas.” ; o también puede experimentar, una de las más penosas emociones del ser humano: indiferencia.

Poco le entregará la vida a la personas que se establecen conformes en el fracaso, y no prestan atención conscientemente, con entusiasmo, a las ideas que pueden arrastrarlos hacía la corriente del éxito. ¡La duda es una compañera fiel de la indiferencia! Donde se encuentra una, es muy posible que se encuentre la otra. La duda genera negligencia, y este estado mental se convierte en un domicilio favorable para la indiferencia. Como ya hemos mencionado, una de las principales causas de éxito de cientos de líderes y filántropos de E.E.U.U, entre ellos: Henry Ford, Andrew Carnegie, John D. Rockefeller, y Thomas A. Edison, es el hábito de tomar decisiones rápidamente y cambiarlas, si es que lo hacen, con mucha lentitud. Las personas que fracasan a menudo en obtener lo que quieren, toman decisiones lentamente y las cambian a la primer señal de dificultad. ¡Esto es importante! El fracaso comienza con el estado mental de la duda. Puede preguntarle a cualquier persona que considere exitosa, a base de sus logros, si pensó de manera habitual en la posibilidad de no lograr lo que quería. Creo que usted puede adivinar la respuesta que obtendrá. Si su mente se hubiere apegado a la duda, no habría logros de los cuales charlar.

Domine la duda antes de que la duda lo domine a usted. No se detenga a pensar en los peros que su propio estado mental le proporciona. ¡Su razonamiento es defectuoso! No puede confiar en sus propios hábitos si estos lo están arrastrando hacia el fracaso. Base sus decisiones en su carácter, que se expresa a través de la voz de su conciencia. Los miedos que se encuentran en su mente son reales, tal vez esto le de una mayor perspectiva para respetarlos, y eliminarlos.

A diario en nuestra vida practicamos el acto de la influencia, mientras expresamos nuestras ideas, queremos que estas sean adoptadas por la persona a la cual se la compartimos, o al menos, aceptadas. Para poder influir en la otra persona, no es de suma importancia lo que compartimos, sino como lo hacemos. El entusiasmo es un requisito fundamental para la práctica de la influencia. (en sí mismo, y en otros.) ¡No puede existir el entusiasmo allí donde haya duda! Usted no puede hacer que otra persona crea algo en lo que usted no cree fervientemente. En mi propio caso, siempre busco formas de estimular mi mente para alcanzar un alto grado de conciencia, necesario para poder transmitir las ideas que quiero transmitirle a la persona que lee mis artículos. Si usted no se siente motivado a la acción por lo que yo quiero decir, es mi responsabilidad. Yo no podría transmitirle esta idea convincentemente, si no creyera en ella. Si usted nota que la lectura de este artículo lo estimula mentalmente de manera positiva, yo habré compartido mi propio entusiasmo con usted. Aplíquelo a la tarea que usted elija, e influya positivamente en otro ser humano, ¡se encontrará con una profunda paz mental!

Mi propia conciencia, al igual que la suya, no lo dejara entregarse por completo a una tarea que no armonice con su carácter. Al menos no se lo hará fácil, si usted insiste en tomar el camino fácil el suficiente tiempo, su conciencia cada vez hablará más tímidamente, hasta que su voz será substituida por la imponderable ley del hábito. Si usted ha dejado su mente a la intemperie, y se ha convertido en un domicilio favorable para el fracaso, debe reconocer que usted mismo se ha llevado hasta allí. Si hace esto, su conciencia se desprenderá de su marcada timidez, comenzando a dar signos de rebeldía. Mientras más la consienta, mayores beneficios le otorgara a usted.

Como aclara al principio de este artículo, la mente no puede ocuparse de dos estímulos mentales de naturaleza opuesta al mismo tiempo. ¡Elimine la duda! ¡Implante el entusiasmo! El entusiasmo debe ser dirigido hacia fines de su propia elección. Esto es necesario. Si no se toma el tiempo de decidir previamente que es lo que quiere y se mantiene firme en ello, no podrá conservar su entusiasmo, y la implacable duda tendrá nuevamente el control sobre sus pensamientos, sus emociones, y sus acciones. Como dijo un exitoso empresario, y filósofo…

¡Cree y actúa! No hay nada más inspirador que un ser humano expresando con seguridad, su individualidad. ¡Gracias por su tiempo!

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