Una costumbre muy marcada en cada individuo, heredada a partir de la sociedad, es ser extremadamente sensible a nuestros cinco sentidos; nos dejamos llevar fácilmente por lo que vemos, oímos, sentimos, tocamos u olemos.

Esta costumbre, o hábito, nos ha hecho suponer que somos muy diferentes unos de otros; ya que todos tenemos diferentes «vasijas para nuestros espíritus». Creemos que porque el hombre que está al lado nuestro mide 1.50 y tiene ojos achinados, necesariamente debe pensar distinto a nosotros. ¡Esto no es así!

Los pensamientos de cada persona siempre están teñidos con sus propias emociones y por lo tanto, eso los hace únicos; sin embargo, todos atravesamos similares limitaciones y problemas diariamente: estrés, ansiedad, aburrimiento, procrastinación, y etcétera.

“Conócete a ti mismo y conocerás al universo y los dioses.”

Teniendo en cuenta esta afirmación la intención de este pequeño texto es ahondar en una limitación común a la gran mayoría de la población mundial contemporánea:

¿Cuál es tu acción secreta?

¿Qué es lo que estas postergando por falta de seguridad en vos mismo? ¿Cuál es esa acción que vuelve, una y otra vez, intentando convencerte para que la lleves a cabo?

La gran mayoría poseemos una acción que se encuentra siempre en nuestro interior, a modo de «standby». Y hay un instinto del que podemos apalancarnos para motivarnos a la acción.

Una de las mayores fuerzas motivadoras del ser humano es el instinto de la supervivencia. ¿Qué tal si hacemos que nos sea útil para hacer algo constructivo? Toda limitación puede ser desafiada fácilmente por la valentía ante la inminente muerte; ¡podemos utilizar esto! 

La psicología es simple: podría decirse que este instinto es un martillo, y la manera en que la utilicemos puede ser golpear un clavo o golpear a otra persona; ambas dependerán de cómo se dirija voluntariamente la expresión de este instinto.

La forma en que podemos aprovechar este impulso para una acción más definida y entusiasta es mediante la fijación en el hecho de que la vida es solamente un viaje de ida. Si una persona es capaz de mantener esta idea el tiempo suficiente en su propia mente, podrá verse a ella misma cada vez más extrovertida y arriesgada. ¿Que persona cuerda no actuaría sabiendo que en cualquier momento puede morir? El problema es que no pensamos en la idea de la muerte a menudo, por ignorancia o por miedo a la misma. Sin embargo, la muerte es un destino que todos compartimos.

¿Que preocupación quedaría en pie ante el coloso miedo a cerrar los ojos y no volver a abrirlos? ¡Una acción! Cuando una persona piensa demasiado en una limitación esta comienza a parecer la realidad. Es como si en este momento usted pensara: “quiero mover el brazo derecho”, y no lo hiciera. Si la próxima vez que quiera mover el brazo se impone la misma limitación; ¡adabrakadabra! De repente usted piensa que no puede hacer algo tan básico como mover el brazo derecho, porque se ha acostumbrado a creer en eso. Espero que la humildad de esta metáfora no lo prive de extraer el conocimiento que quiere iluminar.

Lo único que necesitaría para volver a mover el brazo derecho sería: ¡moverlo! Lo mismo está sucediendo con esa acción, o acciones, que usted está postergando. La realidad es que usted es consciente de esta idea, tal vez, este ignorándola voluntariamente. ¿Soy la voz de su consciencia hablando a través de otra mente? O, tal vez, ¿todos nosotros pasamos por luchas similares y muchos ya han encontrado la solución al problema?

“¡Una acción y se habrá conquistado a sí mismo!”

¡Gracias por tu tiempo!

Empatia con la Vida.

El pensamiento correcto.

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