La conversación negativa es una de las piedras con la que más tropezamos a diario; también es la más independiente de todas las herramientas con las cuales nos podemos hacer mal a nosotros mismos, ya que no depende que ninguna otra persona nos diga absolutamente nada. ¡Nos violentamos a nosotros mismos con ideas negativas!

Hay una solución con la que cada uno, mediante la aplicación práctica del conocimiento, puede desmenuzar la idea negativa y buscar la verdadera causa de ella. Emociones como el odio, la codicia y el enojo son el resultado de necesidades o deseos insatisfechos. Al no conseguir algo que queremos, nos castigamos a nosotros mismo por eso; lo que asegura que sigamos repitiendo la escena una y otra vez sin conseguir resultados distintos.

¿Como hackear al crítico interior?

Practiquemos el siguiente ejemplo, que enseñan Veronica y Florencia Andrés; autoras del libro bestseller Confianza Total (relacionado con el enojo con un hijo, o algún familiar pequeño):

ENOJO: “estoy enojado porque ibas a tocar el enchufe.”

MIEDO: “tengo miedo de que te lastimes.”

PEDIDO: “Quiero que prestes atención cuando juegues cerca de las paredes y no toques los enchufes.”

AMOR: “Sos una de las personas más importantes de mi vida. Quiero que estés a salvo.”

Si queremos aplicar esta misma técnica de descodificación en nosotros mismos, sería de la siguiente manera:

ENOJO: “estoy enojado por no poder escuchar a los demás y siempre interrumpir sus palabras”

MIEDO: “tengo miedo de perder a las personas que me quieren y que yo quiero.”

PEDIDO: “quiero que aprendas a quedarte callado y valorar lo que los demás tienen para decirte desde el corazón.”

AMOR: “quiero vivir una vida amorosa y estar rodeado de personas con las cuales compartir mis experiencias.”

Todo emoción negativa puede ser hackeada de una manera similar a esta; el aburrimiento, por ejemplo, es un pedido de acción de nuestra alma. Después de todo, ¿de que otra manera podría comunicarse nuestro destino con nosotros? Solamente puede hacerlo a través de nosotros mismos; de las emociones y pensamientos que vivimos a diario.

La forma en que procesamos racionalmente lo que experimentamos, la resiliencia que ponemos en ejercicio, es lo que define lo que esas experiencias van a generar en nuestra vida. Cuando un hombre cae, y se levanta, hay «algo» dentro de sí que lo premia instantáneamente por su propio poder de decisión con la aprobación de su consciencia. Cuando el caído se rehúsa a levantarse y seguir adelante, ese mismo «algo» planta todo tipo de emociones negativas en la mente de el; y de esta misma manera recibe su inmediata recompensa.

Esta forma de transmutar una emoción negativa en una positiva, nos permite conservar el derecho a seguir siendo independientes de nuestro entorno;  nos permite seguir sembrando pensamientos correctos. Tarde o temprano, cosecharemos esa siembra.

“No juzgues tu día por los frutos que has recogido, sino por las semillas que has plantado.”

Acción

Desmenuza al menos una emoción negativa que hayas experimentado últimamente y medita sobre el resultado. Acciona sobre el “PEDIDO” de ese enojo. Si te encuentras aburrido, seguramente tu alma te está pidiendo acción; si te encuentras ansioso, seguramente te está requiriendo una mayor gratitud con el momento presente (que es lo único que tenemos).

Reflexión

Uno de los desafíos más grandes que enfrentamos en la actualidad es la inmensa cantidad de información a la que tenemos acceso. Hay millones de ideas, buenas y malas, en las cuales podemos emplear nuestro tiempo. La forma en que decidamos en que ideas concentrarnos y en cuales no, va a determinar de manera exactamente precisa lo que vamos a recibir de la vida. ¿Porqué digo esto? Porque el valor de este ejercicio, del tiempo que empleamos en leerlo, solamente va a tener relevancia si lo aplicamos en nuestra vida; si invertimos nuestro tiempo en esta buena idea y no en alguna otra.

¡Todo lo que vivimos es resultado de las decisiones que tomamos sobre cómo invertir nuestro tiempo!

Gracias por su tiempo.

Empatía con la vida.

El pensamiento correcto.

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