¿Cuál es el enemigo número uno de la acción? ¡La complejidad!

– Anthony Robbins

A esta afirmación de Robbins podríamos agregar un segundo de similar importancia: la vaguedad. Estos dos factores de pensamiento habitualmente roban la energía que nos hace falta para emprender una acción.

Dígale a una persona con sobrepeso que tiene demasiadas grasas saturadas, que le faltan aminoácidos y proteínas, que debe comer menos lácteos y más verduras, y dele una rutina de gimnasio. Haga eso… ¡y nunca más la verá! ¿Qué tal algo así? : “Come dos manzanas y dos bananas al día, no comas helado, y camina 20 minutos consecutivos por el lugar que quieras.” ¿Cuál es la diferencia entre estos dos tipos de recetas? La sencillez y la especificidad de acción.

Uno de los errores más comunes que cometen los intelectuales de hoy en día es que son poco pragmáticos. No pueden ayudar a las personas con su inmensa cantidad de información, porque su aprendizaje está orientado al conocimiento; no está orientado a la acción. Son demasiado complejos, cuando lo que se necesita es simplicidad. Una de las más valiosas virtudes que podemos dominar es la del arte de pensar sencillamente.

Lamentablemente, en la gran mayoría, los autores que escriben sencillamente también piensan muy sencillamente; y los que piensan más profundamente, están demasiado intrincados en su realidad para bajar al nivel de los indoctos y darnos formas prácticas de aplicar su saber hacia una mejor vida. Los grandes líderes de la humanidad son y serán siempre las personas que tienen una gran cantidad de conocimientos profundos y lo expresan con sencillez. Lo repiten una y otra vez, hasta que nosotros podemos asimilar el conocimiento y aplicarlo a nuestra vida. No basta con ver un conocimiento práctico una sola vez para adquirirlo; numerosas veces me encontré a mí mismo diciendo: “Esta información es impresionante! Puede cambiar mi vida! Voy a hacerlo!” Para darme cuenta, una semana más tarde, que la había olvidado por completo. La única forma infalible para lograrlo es la repetición del conocimiento práctico una y otra vez, de manera que se formen nuevos axiomas en nuestros cableado neuronal, y reaccionemos a partir de ellos.

“Si no puedes explicarlo de forma sencilla, aún no lo has entendido bien.”

-Albert Einstein

La diferencia entre el deseo y la acción, es la sencillez de nuestros pensamientos. Si aún hay algún deseo que no realizaste, es porque no has sido lo suficientemente específico y sencillo en lo que debías hacer para alcanzarlo. Por ejemplo: “Quiero tener una hermosa relación“, está bien, todos queremos eso. Pero… ¿cómo lo harás? Habitualmente las personas no pasan de la etapa del deseo; sin embargo, la mayor pena es la de aquellas personas que lo intentan seriamente, y fracasan.

Para profundizar en el aspecto de las relaciones, por ejemplo, muchas personas suelen quejarse de que su pareja no le presta atención. Un conocimiento práctico con respecto a esto: si quieres que te escuches, primero debes escucharlo a el/ella. Si no tienes nada interesante que decir, no digas nada; como a ti tampoco te gustaría que el/ella te dijera cosas sin sentido con el simple motivo de rellenar el silencio. Pragmático, sencillo: una acción.

Encontraremos a medida que avancemos en el camino, que la acción combinada con el conocimiento profundo es la llave de la vida. Los conocimientos elementales de la vida nunca son complicados. ¿Qué  pasaría si en la Biblia dijera: “cuando alguien te golpea, no le devuelvas  le golpe; cuando alguien te mira, míralo a los ojos. Cuándo alguien se cae, ayúdalo a levantarse. Permítele a la otra persona ser libre, y no hagas nada para ocasionar su pena…. (etcétera)”, en lugar de: “Trata a los demás como quisieras ser tratado”? ¡Sencillez!

Acción

Elige un deseo, solo uno. Siéntate con un papel y un lápiz, y piensa: ¿cómo actua la persona que ya posee lo que yo quiero? La vida no nos entrega lo que queremos, y no falla en entregarnos diariamente aquello que somos. Codifica el carácter de esa persona que te causa admiración para notar cuales son sus hábitos, ¿que hace día a día de manera diferente a ti?

Por ejemplo, uno de mis mentores es Tony Robbins; persona a la que admiro muchísimo. Observando un curso hace poco pude obtener la información de que el todas las mañanas se da un baño de agua caliente, seguido de un baño de agua fría (Con el objetivo de agitar el sistema nervioso). Seguido de esto, escuche en unas viejas grabaciones a Napoleón Hill, uno de los fundadores del desarrollo personal, hablando de su hábito de bañarse todos los días a la mañana con agua caliente y luego con agua fría. Este es un conocimiento práctico y sencillo que obtuve observando a las personas que son mis referentes en la vida. ¿Cuáles son los tuyos?

Advertencia

Nunca, nunca, nunca, hagas un plan demasiado complejo. Nuestro estado mental no será siempre de excitación y motivación, y cuándo nos encontremos desganados, debemos seguir actuando aún en este estado. Si lo que debemos hacer es demasiado complejo y no estás seguro de los resultados que obtendrás, renunciaras. Si buscamos referentes que ya tienen lo que queremos y aplicamos los mismos hábitos, sabremos que el resultado es inevitable. ¡Las tantas maravillas del mundo de la causalidad! Siempre y cuando, no abandonemos.

Conclusión

Elimina la complejidad de tu mente. Nadie te premiará por hacer algo complicado en la vida real; eso formaba parte del sistema educativo en el que fuimos educados. La vida, Dios, Universo, como quieras llamarle, te premiarán por una cosa: el servicio que otorgues a los demás mediante la acción práctica. No te pedirán títulos, ni experiencia laboral, ni que seas alto o bajo, blanco o negro; te pedirán que tu conocimiento brinde resultados a todas las personas que sirva.

Los resultados son el nombre del juego.

-Jim Rohn

¡Gracias por tu tiempo!

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