Si no puedes decir la verdad sobre ti mismo, no puedes decirla sobre otras personas.

-Virginia Woolf.

¿Qué es lo que más nos atrae de los niños? Es una pregunta que tal vez muchos de nosotros alguna vez quisimos contestar; su inocencia, su cariño, su energía, y sobre todo: su honestidad. Los niños no tienen ningún problema en decirnos lo que piensan, sin intentar lastimarnos, ellos simplemente, lo dicen. Su honestidad es tan brutal que no tenemos dudas de que podemos preguntarle cualquier cosa y ellos nos darán una respuesta sin necesidad de ocultar absolutamente nada. Todos nosotros tenemos también al menos una persona de edad avanzada en nuestra vida que conocemos o conocimos, y poseía este extraño y atractivo rasgo de la personalidad. ¿No es maravilloso charlar con una persona honesta?

“Tanto la verdad como la mentira, lleva en si misma un -algo-misterioso, que revela su propia naturaleza.”

¿Cuántas veces nosotros hemos tenido conversaciones con personas que aunque no teníamos ni una sola prueba de lo que pensábamos, sabíamos que lo que decía era mentira, y así lo era? ¿Cuantas cosas que podrían parecer sumamente extrañas oímos de labios de personas, y de alguna manera, “algo” nos decía que era verdad?

Hay dos tipos de honestidad: con los demás, y con uno mismo. La sinceridad con los demás es una consecuencia de la sinceridad con uno mismo. Por ejemplo, si somos deshonestos con nosotros mismos podemos decir que la mejor manera de adelgazar mis 20 kilos de más es quedarme en la cama, y luego le diremos con absoluta honestidad a los demás que pensamos que achicaremos nuestra cintura de esa manera, y realmente creeremos que estamos siendo sinceros. Como dice el dicho: “El mal consejo confunde al consejero”. Dicho esto…

¿Cómo podemos identificar si somos o no honestos con nosotros mismos?

Nuestro dialogo interno es la linterna que apunta hacía nuestra honestidad o falta de ella. Dicho más sencillamente, lo que nos decimos a nosotros mismos deja al descubierto las ideas que albergamos en nuestra inconsciencia. Si somos honestos o deshonestos con nosotros mismos, nuestro dialogo intento será igual.

Por ejemplo, si de repente estamos viajando a una reunión y nos encontramos pensando: “Me siento muy mal, ¿porque siempre estar aquí me hace sentirme así?”. Este dialogo interno apunta hacia la emoción de mal estar, y además, es una mentira. ¿Por qué? Porqué lo único que hace que nos sintamos mal son nuestras bajas expectativas con respecto a eso. Un lugar no puede hacerme mal aún antes de haber llegado a él, no tiene sentido; es deshonesto. Este sería un caso de visualización negativa, nos centramos tanto en un recuerdo del pasado, que se convierte en el presente.

También la deshonestidad puede aparecer como un amigo de la comodidad, por ejemplo: “Es que no tengo la capacidad para hacer eso, nunca podré hacerlo.” Esta forma de charla interna está asumiendo que no somos capaces de aprender, lo que es ridiculo; por lo tanto, deshonesto. La idea detrás de esta mentira es la comodidad, la seguridad; es más sencillo decir que no podremos hacer nada antes que intentarlo. Me refiero a más sencillo para nuestra mente, ya que para nosotros y nuestro bienestar, es fatal.

Lo que tienen en común estos dos tipos, y todos los otros de deshonestidad, es que no nos hacen sentir bien. La frase anterior es digna de leerse una vez más; ¿porqué hacemos algo que no nos hace sentir bien y, además, da malos resultados? No es lógico, pero es lo que hacemos como seres emocionales. Repetimos errores hasta que la emoción es lo suficientemente fuerte para torcerlos y corregirlos.

La elegancia de la honestidad no necesita adornos.

-Merry Browne.

La honestidad con uno mismo es realmente maravillosa, porque da buenos resultados, y además, nos hace sentir bien. Entonces…

¿Cómo ser honestos con nosotros mismos?

Si me encuentro en un momento enojado, no sería honesto decir: “Estoy contento.” Sin embargo, si sería honesto decir: “Estoy enojado, pero sé que es mi culpa permitir que unas ideas me hagan sentir así. Puedo cambiarlo cuando quiera.”

Esto no es pensamiento positivo, es psicología practica empapada de realidad. Si nos basamos en como nos sentimos para pensar, y nos sentimos mal, es lógico que sigamos repitiendo el mismo patrón negativo.

Para los que padecemos de síndrome de indecisión crónica, hay una cura que la honestidad puede brindarnos: “Aún no se exactamente que es lo que quiero, pero realmente estoy seguro que tarde o temprano voy a descubrirlo.” Este tipo de expectativa nos hace sentirnos bien, y además, es honesta (está basada en la realidad). Nos hace actuar como si estuviéramos apunto de recibir lo que buscamos.

Conclusión

La honestidad tiene muchísimos beneficios; en las relaciones, en la salud mental y física, y también en la económica. Si comenzamos siendo honestos con nosotros mismos, pronto nos encontraremos siendo honestos con el mundo; y el mundo nos responderá de la misma manera.

¡Gracias por tu tiempo!

Empatía con la Vida

El pensamiento correcto

 

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